jueves, 6 de agosto de 2015



Cachineros en sus marcas, listos…ya!
La revolución de las marcas llegó para reivindicar a una desterrada clase.

Hace unos días visité la cachina tacneña, la feria informal de ropa usada en Ciudad Nueva, evidentemente no era mi primera ni última visita, pero de inmediato se me ocurrió escribir sobre estas experiencias que, aunque no lo recuerden, datan de algunos años atrás cuando apenas arribaba sin querer a esta hermosa ciudad.

A mediados de los noventa y bajo la influencia de Cobain y Pearl Jam o sustancias parecidas, mi hermano y yo protestábamos contra el clasicismo y una sociedad tan marcada por el dinero y poder, éramos: los que tenían y los que no teníamos, no había más. Sin embargo el consumismo tan fuerte nos arrastraba a sus fauces para devorarnos sin compasión alguna; es así que alguien, no se quien, advirtió de un paraíso en donde las prendas bailaban sin tapujos ni prejuicios y que además tenían historia, eran los primeros locales comerciales de la avenida industrial que ofertaban ropa americana de segundo uso, al menos eso decían los que ya habían experimentado algo parecido aquí nomas en Arica.

Estaba claro, la revolución había llegado y nosotros, al menos mi hermano y yo, sumaríamos esfuerzos para reivindicar a nuestra clase, era la oportunidad para restregarle a la sociedad que nosotros también conocíamos a Tommy y que no le teníamos miedo al cocodrilo de Lacoste, la colonización de las marcas había llegado.

De pronto nuestro guardarropa (antes ropero) se había nutrido de muchas prendas que destellaban sus logotipos prometiendo privilegios a sus fervientes modelos que, con apenas una inversión irrisible, habían conquistado aquel estatus que les era esquivo. Ahora sí ya no podíamos desentonar, éramos parte de esa élite y ahora también desfilábamos por la pasarela de la banalidad e insensatez gozando de una felicidad que estaba próxima sufrir su desencanto. El primer golpe fue de quienes en nuestro entorno ya habían descubierto también el paraíso y que en defensa de descargo señalaban a los demás acusando en burla que las prendas eran usadas y que no merecíamos las credenciales. 

Avergonzados decidimos replantear nuestra estrategia y ser mesurados con la exposición. Sin embargo el segundo golpe fue por parte de los mismos comerciantes que en un principio sólo vendían ropa de segundo uso, ahora habían aprendido sobre el valor de las marcas y habían comenzado a segmentar a sus clientes por preferencias y estilos de vida (maldito marketing) claro estaba podían obtener un mayor margen por ese pantalón pues ahora sabían que Tommy no era el propietario de la prenda o que los Jeans no necesariamente eran de Pepe. Vaya desgracia para dos muchachitos de clase media, había llegado nuestro Waterloo.

De ésta experiencia podemos reconocer el valor que las marcas generan sobre las personas, es impresionante lo que puede ejercer en la gente, seguridad, autoestima, reconocimiento, etc. Aun cuando éstas han sido reutilizadas. Nos vemos en la cachina para cruzarnos con los “marqueros“ limeños que reconocerás fácilmente por su aspecto desgreñado y exageradas mochilas en la espalda pegados al celular.


miércoles, 8 de julio de 2015




En el fútbol no se marca pero la marca es la que manda.
La inexplicable devoción por 11 hombres

Si en algún momento simpaticé por el fútbol creo que fue a consecuencia de la presión machista de mi entorno social, pues fueron mis amigos quienes se jactaban de conocer y hablar cual críticos y comentaristas deportivos, sobre los equipos y los jugadores, quedando al margen de las discusiones que me permitían ser parte de la manada; ya un poco más grande comencé a disfrutar del juego, incluso hasta caí algunas veces en un estadio sin justificar la inversión.


De pronto un día, de aquellos de iracunda reflexión, pensé que no había razón para segur alentando a un equipo que no me daba más que molestias y malos ratos, sin embargo veía que nadie de mi entorno llegaba a la misma reflexión, sino más bien todo lo contrario, lamentaban las derrotas pero con envidiable entusiasmo preparaban las gargantas y las chelas para una nueva oportunidad, entonces comenzó mi preocupación por intentar explicar tal comportamiento que caía en el masoquismo autorizado de los hinchas futboleros.

Mientras tanto en otras canchas Gerald Zaltman, profesor de la Universidad de Harvard establece en su libro, Como piensan los consumidores, que el 95% de nuestras preferencias son netamente inconscientes, impulsadas por nuestras emociones; era quizá la mejor forma de explicar ése fanatismo que desbarata la lógica y la razón. 

Otro Director Técnico de las pasiones es Ferran Soriano a quien se le atribuye el éxito comercial y porque no, también deportivo, del Barcelona FC, y es que éste señor de fútbol no sabe nada pero de negocios bastante, por ello cito una de sus ideas para alimentar la reflexión. Un equipo de fútbol es una marca emocionalmente poderosa, porque es la única en la que el cliente insatisfecho vuelve a consumirla aun quedando disconforme.

Estas líneas reflexivas no pretenden dar respuesta al por qué de la testarudez, ya que la pasión, como emoción, no se justifica sólo se siente y se mantiene sin ninguna explicación, estas líneas no pretenden incinerar las ilusiones de un hincha vapuleado tantas veces, estas líneas se han escrito con tinta roja y blanca en favor de la esperanza. 



Cachineros en sus marcas, listos…ya! La revolución de las marcas llegó para reivindicar a una desterrada clase. Hace unos días vi...